Un marido bueno y cornudo: “Desde que llevo cuernos no he vuelto a penetrar a mi esposa sólo me hago pajas, soy un cabrón pajillero” (II)

Publico la segunda parte de la experiencia cornuda relatada en primera persona por Luis, el marido cabrón. También podía haberla titulado así "La transformación de la pareja" pero la que he elegido me parece más plástica.

Sólo os llamo la atención para que contribuyáis a crear tendencia. Me estoy refiriendo a que en ese momento en el que se meten los dos dedos centrales en el ojete, se puede hacer con facilidad la señal de cuernos con la mano. Si tenéis oportunidad hacer fotos de esta señal y las iré publicando en el blog.
En la imagen, a Laura le abre su cerito sexual el amante de turno.

Querido Alberto:
Voy a seguir contándote el crecimiento de mis cuernos. Como fui, poco a poco, perdiendo mi postura de virilidad con Laura para entregarle mi absoluta colaboración en su disfrute de los distintos amantes que han ido pasando en estos poco años por nuestras vidas.
Tras Eduardo, que como sabes es su amante principal, y nuestro jefe actual, Laura tuvo una pléyade de distintos hombres con los que se fue acostando. Su segundo amante, en cuanto a espacio temporal, fue un ingeniero, omitiré su nombre por ser un hombre casado y con hijos. Es un chico que vive en Madrid y con el que tuvo encuentros muy románticos. Dejó de verlo porque él tenía miedo de que sus correrías amenazasen su matrimonio, pero sus encuentros fueron sexualmente muy intensos. Ambos encontraban en el otro lo que no tenían en casa. El, una hembra hambrienta de sexo y siempre dispuesta, y Laura un macho joven, fuerte y bien dotado que era capaz de satisfacerla llegando a lo más profundo de su ser.
El ingeniero y Eduardo convivieron como amantes de Laura durante meses. Eduardo venía a Murcia a cepillarse a mi esposa en mi casa y de tanto en tanto se la llevaba a algún viaje de negocios. Mientras Laura hacía conmigo rápidos viajes a Madrid de 24 horas donde se veía con el ingeniero en hoteles.
En esta época, Alberto, mi esposa llevó a cabo su amenaza: “Espero que tengas la polla en la mano, ese es el único sexo que tendrás de ahora en adelante, cabronazo y quiero que te acostumbres”. (Recordaréis que tras su primero encuentro con Eduardo, Laura dejó claro a Luis –el marido cornudo- que su relación ya no volvería a ser como antes y que se iba a convertir en un pajillero muy activo. Ver la primera entrada de “marido bueno”) Laura, de manera metódica, consumo en mi la transformación de marido a cornudo pajillero, nunca antes me la había cascado tanto, nunca antes había estado sin tener sexo con mi esposa ni con ninguna otra mujer.
Alberto, tú sabes que Laura está realmente buena, lo pudiste comprobar en persona, y follar con ella es siempre una tentación incluso para un cornudo como yo que sabe cual es su papel. Me satisfacía con los pajotes pero echaba de menos tener sexo con ella, al fin y al cabo soy el padre de sus hijos y eso sólo se hace de una forma si no se pasa por el laboratorio, con esto quiero decir que nuestra vida sexual antes de nuestra transformación era la de una pareja normal.

Alberto, tú sabes que Laura está realmente buena, lo pudiste comprobar en persona, y follar con ella es siempre una tentación incluso para un cornudo como yo que sabe cual es su papel. 

Laura me ponía ya los cuernos con Eduardo y con el ingeniero de manera espaciada, entre dos y tres semanas, en los períodos en los que no había encuentros yo intentaba follármela pero comprobé que era verdad, ya no me permitiría una penetración más a no ser que eso pudiera suponer una clara humillación hacia mi. Laura si me permitía, y aún me lo sigue permitiendo de tarde en tarde, que la masturbe o le haga el sexo oral. Te puedes imaginar Alberto el placer que siento al relamer el chocho de Laura bien follado por Eduardo o por alguno de sus amantes. Ella sólo accede a estimular mis pelotas hasta obligarme a que me haga el pajote de turno. En aquellos inicios eso para mi era insuficiente y aunque ahora te cueste creerlo, llegué a quejarme pero no sirvió de nada.
Ante mis quejas, Laura decidió comprar un montón de películas porno, también nos apuntamos a varías páginas de descargas. El espectáculo visual pornográfico estaba por toda mi casa, llegué a temer que alguno de nuestros hijos se diera cuenta. Lo cierto es que el porno era para mi consumo aunque Laura también lo disfrutaba para evitar tener sexo conmigo. Siempre que estábamos solos ella ponía películas en todos los monitores de la casa, tabletas, pc. Era una incitación para que yo me masturbara. Pero su método no acababa en el porno, siempre que estábamos a solas, Laura se vestía de modo sexy, siempre muy corta, siempre escotada, con altos tacones y muy arreglada. Me excitaba al máximo pero me excitaba aún más cuando me subrayaba que pretendía buscar más amantes.
Día tras día se fue convirtiendo en un hábito. Una mañana cuando regresó de un viaje con Eduardo y los niños estaban en casa de mis suegros, yo estaba frente al televisor cascándomela. Ella entro y me dio un largo beso en la boca y se puso a acariciarme las pelotas. Yo quería hablarle de que hacía más de diez meses de nuestro último coito... y entonces me dijo que había entregado su culo a Eduardo. No me lo podía creer. En ocasiones habíamos hablado del sexo anal y siempre me había dicho que yo sería el primero al menos para practicar ella conmigo. Su mentira se enterró profundamente dentro de mí. Sentía que los cuernos adquirían una nueva dimensión, pues era el primer engaño que me había dicho de manera descarada en su vida. Mi mano machacó mi pene con mayor intensidad. Ella sonrió... y supe que ser cornudo es también ser engañado.
Aquel día me desveló el resto de su plan. Como sabes Laura es enfermera y tiene muy claro lo que significan las adiciones para las personas. “Ya veo que te gusta que te engañe, cabrón, y observo que estás lo suficientemente adaptado a las pajas”, me dijo. Siguió con una frase que me dejó perplejo, “los adictos a la masturbación tienen problemas de eyaculación precoz y para mantener la erección durante una penetración y bueno, no son los mejores amantes porque no tienen practica pero en tu caso no sería una novedad”.
Empecé a emitir los gemidos previos al orgasmo mientras ella me acariciaba los huevos suavemente y me animaba, "así, cornudo, sigue... más rápido... ooooh! como te gusta, eh?... cabrón!! .... quieres correrte ¿Si?... córrete porque sabes que no eres capaz de penetrarme ni por delante ni por detrás pero no te corras, no aún, dime que no me intentarás follar más, cornudo, confiesa que quieres ser aún más pajillero, dímelo y dejaré que te corras.
SI... grite, solo pajas!! Solo quiero hacerme pajas!! Por favor!!!!
Córrete, cielo... así rápido, si te lo has ganado mi vida y te pondré muchos cuernos.
AAAAAh!!!
Fue por ese mes cuando se incorporaron varios hombres más a la lista de machos que transitaban por mi casa cepillándose a Laura. Primero fue un bombero de Alicante y casi a continuación varios padres del colegio de mis hijos.


Recuerdo un orgasmo, largo. fuerte... inolvidable como si a la vez que saliera mi semilla, se abrieran paso unos cuernos de búfalo en mi cabeza. Fue por ese mes cuando se incorporaron varios hombres más a la lista de machos que transitaban por mi casa cepillándose a Laura. Primero fue un bombero de Alicante y casi a continuación varios padres del colegio de mis hijos.
A partir de entonces Laura me corneaba dos veces por semana. Tenía varios machos a su disposición, si fallaba uno había dos o tres más dispuestos. En esos días ya no había duda de cuales iban a ser nuestros papeles en el futuro, ella reputa y yo un cornudo consentidor. Cuando yo llegaba los chicos se acababan de ir y me solía encontrar la cama revuelta y a Laura en la ducha. Yo siempre me pajeaba sobre la cama donde Laura había terminado de cometer su adulterio pero como comprenderás, para un cornudo, esa situación no es satisfactoria.
Me empecé a quejar a Laura de que no me sentía completo como cornudo. Ella no quería que yo estuviese presente durante sus puteos porque ninguno de sus amantes era realmente proveniente del mundo cornudo y temía que mi presencia los espantase o que montase un numerito de celos después de todo. Y ahí fue donde entraste tú, Alberto y te doy las gracias por ello. Te pedí que me ayudaras y al final convencí a Laura de que acudiera a la cita. Quizás pensaste que estaba poco entregada aquel día, pero estaba calculando la situación. Aunque solo le metiste mano en el bar y la besaras varias veces delante de mí, ese simple hecho bastó para convencerla de que aceptaría situaciones mucho más humillantes.
Cuando volvimos a casa aceptó tener una cita con un tremendo semental argentino, Luciano. Un chico que yo había propuesto como candidato para que me la cubriera en varias ocasiones y que está acostumbrado a los modos de este mundo cornudo. Es por decirlo de algún modo un joven, aunque experto corneador profesional. Con un cuerpo fuerte, cultivado en el gimnasio, lo que realmente destaca de él es su poderoso miembro. Alberto, no te miento, 25 cm y grueso como un vaso de tubo. Lo que toda hembra querría entre las piernas. Quedamos en un hotel cercano a Callao en Madrid. Laura lo esperó en el hotel, vestida con un conjunto de dos piezas, falda, tipo cinto ancho y top que dejaba descubierto un hombro y realzaba sus pechos y por supuesto zapatos de tacón.
Cuando llegó Luciano eran las cinco de la tarde. Me esperó en la cafetería y yo bajé a buscarle. Laura temblaba como una cordera, sabiendo lo que le esperaba. Yo también. Mi erección era evidente. Laura me hizo ponerme un pantalón de lino beis sin ropa interior. Yo sabía lo que iba a ocurrir, sabía que tras tantos meses iba a ser finalmente testigo de mis cuernos. Cuando Luciano entró, Laura estaba sentada con las piernas cruzadas y algo ladeada, mostrando sus hermosas y larguísimas piernas. Luciano dominaba la habitación con su presencia. Laura se puso de pie, y se entregó a él. Se fundieron en un beso y abrazo sexual, como si yo no estuviera. Duró algunos minutos. Yo permanecía empalmado cerca de la puerta. Ella abrió los ojos y me vio. Me hizo una señal para que empezara a pajearme y me sentara en uno de los sillones de la habitación. Yo obedecí al instante. Me senté, me baje los pantalones y empecé mi trabajo sin perder detalle. Ella se arrodilló y sacó del pantalón su enorme polla y se la intentó meter en la boca. Era enorme. Se la chupaba por parte, los huevos, el prepucio, el perineo... Su dureza era increíble, ella le daba golpecitos y aquellos parecían golpear el hierro.
Cuando Luciano se sintió listo, puso a Laura a cuatro patas sobre la cama y empezó a comerle el coño y el ojete. Laura bufaba y suspiraba de placer. Nunca la había visto así. De vez en cuando me miraba y sonreía. Entonces me fijé en que sus manos hacían el signo de los cuernos mientras agarraba la sabana de la cama "Eres un cornudo de mierda"... "y más que lo vas a ser a partir de ahora cabrón"... Yo aceleré mi mano y ella me dijo entre gruñidos: "Para, coño, no te corras aún". Yo seguí moviendo mi mano algo más despacio. Nunca había visto un preparación de una hembra igual para ser cubierta. Podía ver como los fluidos de mi esposa y la saliva del macho resbalaban por los muslos de Laura. Ella suplicaba ser empalada ya por el enorme miembro de su amante. El macho se puso en posición y su polla se deslizó suavemente, un grito de placer salió de la boca de mi esposa... OOOHH! SIIII!!.
Lentamente Luciano fue acelerando las embestidas sobre Laura, taladrándola con fuerza. Laura empezó a llorar de placer en un instante... repetía, "estoy llena, estoy entera, que feliz soy! Entonces me di cuenta que la vida que habíamos empezado hace un año tenía mucho más sentido de lo que la sociedad en general piensa.

Yo bastante tenía con compartir su vida. Mi rol es estar a su lado, cubrir sus necesidades materiales y espirituales para que esté en la mejor disposición de disfrutar de la vida, pero no me merecía reproducirme con ella.

La situación que estaba viendo, en la que Laura, hermosa e inteligente, deportista y con todos los atributos físicos que hacen deseable a una mujer (ojos azules, larga melena rubia, cuerpo firme y atlético, largas piernas y 100 cm de pecho) se apareaba con un hombre muy dotado, fuerte y atractivo, hábil a la hora de complacer a una hembra y que desprende virilidad, se me aparecía como la consecuencia natural y lógica de la selección de especies. Yo bastante tenía con compartir su vida. Mi rol es estar a su lado, cubrir sus necesidades materiales y espirituales para que esté en la mejor disposición de disfrutar de la vida, pero no me merecía reproducirme con ella.
La relación como siempre hace ella era sin preservativo pues tiene puesto un DIU hormonal. En aquel momento deseé que no lo llevara puesto y que cuando la semilla del macho se derramara dentro de ella, la preñara. Estaba seguro que los hijos engendrados por ellos serían mucho más fuertes dotados inteligentes y preparados para el mundo que los que yo mismo había tenido con Laura.
Luciano fue provocando orgasmos de manera sucesiva a Laura, controlando perfectamente su eyaculación. Las posturas se sucedían colmando de placer a Laura y a mí de asombro por su fuerza y plasticidad. Serían las siete y media de la tarde, estaban descansando tras su cuarto orgasmo, cuando Laura me dijo: "Súbete los pantalones y vete a dar una vuelta cornudo, quiero estar a solas con Luciano". Intenté protestar, pero entonces fue Luciano quien me lo dijo "anda cornudo, salte!"... "vuelve a las 9 dijo ella".
Salí de la habitación con una pequeña tienda de campaña en el pantalón. Atravesé recepción y salí a la calle sin dejar de pensar en lo que estaría haciendo Laura con ese HOMBRE. Sobre mi pantalón, en la punta de la montañita marcada por mi pene se adivinaba una pequeña marca húmeda. Me estaba volviendo loco... mi amor estaba con una bestia del sexo y ni siquiera me podía pajear. Busqué un sex-shop con desesperación, pero me dirigí sorprendentemente al de la calle Atocha 80, que está algo alejado. Subí a la planta de arriba, pero vi el bar con chicas que tienen en esa misma planta. Estaba bastante vacío a esa hora. Entré y me senté en una de las mesas. Enseguida una preciosa chica rubia se me acercó. "¿Me puedo sentar contigo?", "Claro", dije yo. Las mesas eran bajas y las sillas muy pegadas entre sí. Eso me obligaba a abrir mucho las piernas, y dada mi excitación, mi erección era evidente. Una camarera se acercó para que pidiéramos de beber. Yo acepté invitar a Irina (así se llamaba) por 30 euros. Cuando la camarera se alejó su mano me acarició el prepucio suavemente. "¿Qué te pasa?", me dijo con sonrisa pícara. Yo le relaté de forma somera mi condición de cornudo y pajillero y que estaba pasando en ese momento. Su mano me rozaba la polla de vez en cuando mientras yo hablaba. Al terminar me dijo "Ojalá hubiera muchos como tu... eres lo que una chica como yo necesita"... no sabía que contestar. Ella me dijo: "te hago una paja cornudo por 120 euros"... Yo dije, "es que no me puedo correr"; "Ja ja,... déjalo de mi mano". Fue una paja sin orgasmo deliciosa, durante la que ella me preguntaba detalles de mi matrimonio, mientras reía deliciosamente. A los 20 min, paró. Yo me di cuenta que eran casi las nueve así que me fui. Me habían soplado 150 euros de repente y estaba aún más excitado. Cogí un taxi y fui al hotel. Se estaban despidiendo besándose en la puerta de la habitación. Laura estaba desnuda. Me vio y me saludo en voz alta "pasa cielo, ya hemos terminado". Al cruzarme con Luciano le di las gracias por lo que le había hecho a mi mujer. El me dio la mano y me dijo que volvería a repetir siempre que Laura quisiera.
Cuando entré en la habitación, Laura me beso. Su boca sabía a semen de su amante. Fue un beso largo y ella pasó mucha saliva a mi boca. Posteriormente se sentó en la cama, "quítate el pantalón", me dijo. Obedecí. Sus manos empezaron a acariciar mis testículos. "Pajeate ahora para mi"... lo hice, sin contemplaciones. No tardé ni un minuto en correrme... Ella empezó a reír. "Así, muy bien, cielo, así cariño,... no te dejaré mientras lleves cuernos mi vida... y te los pondré enormes"... me corrí sobre sus pechos. Fue abundante, largo, pero apenas emití un ruido agudo. Esa fue la primera vez que vi mis cuernos en directo. Luego vendrían más, pero es caso de otra historia que te contaré oportunamente.
Muchas gracias por todo Alberto.

Impactante sin duda. La siguiente entrada será una entrevista, en carne viva, a Laura. Seguro que no os deja indiferente. Si queréis repasar la primera parte de la experiencia de Laura y Luis os dejo el enlace a continuación:

Un marido bueno y cornudo: el despunte de los cuernos (I)

Son ya algunos años al frente de este blog y puedo deciros que después de este tiempo dispongo de estadísticas fiables. Me refiero a los correos con peticiones de ayuda, confesiones, dudas, experiencias… Aproximadamente un 50% de esos correos son falsos y van directamente a la papelera. Pero el 50% restante es lo que me hace mantener el blog abierto. Comprobar que un correo apesta a verdad, que las imágenes no son robadas si no auténticas, vivir el encuentro con la pareja, disfrutar la oportunidad de entrevistarles, de ser testigo y a veces protagonista… esas sensaciones amigos, son especiales.
Hace dos años recibí un correo de un tal Luis. En el primer correo me envío fotos de su esposa y confesó su papel de auténtico cornudo y marido ejemplar. ¿Recuerdas Luis? “Alberto, empezamos en esto hace casi un año y mi mujer me cornea con asiduidad, más o menos una o dos veces por semana, es totalmente consentido por mi parte”. Mi olfato aseguraba que era un correo sincero, nada que ver con los cantamañanas que mandan experiencias sin sentido y fotos robadas o realizadas a alguna profesional. Luis se abría, “…ya raramente tenemos relaciones sexuales completas, únicamente le hago sexo oral y ella fomenta que me alivie yo mismo, he encontrado en la masturbación un placer que nunca creí llegar a disfrutar”. Luis me preguntaba si les podía ayudar. Mi instinto no me falló y tras alguna protocolaria comprobación pasé a ser testigo y humilde colaborador de su proceso.
Ha pasado tiempo y han tenido lugar algunos hechos que vosotros, queridos lectores, conoceréis puntualmente. De momento os dejo la primera confesión de Luis, un marido bueno.


Laura siempre fue una mujer de bandera. Tiene 36 años, mide 178. Es rubia con el pelo largo y ojos azules, pesa 54kg, 100 de pecho, piernas largas y cuerpo musculado.



EL DESPUNTE Y "ALGO MÁS"

Hola Alberto:
Hace un tiempo me pediste que te relatara mi historia. Aquí te cuento los detalles e hitos del crecimiento de mis cuernos. Cuernos que han traído la satisfacción y la felicidad a muchos hombres, pero en particular a mí, a Laura mi esposa y a su macho principal, Eduardo.
Como nos conoces en persona, sabrás que la historia es cierta y puedes ponernos cara a Laura y a mí. Empezaré por describirnos como pareja. Yo tengo 43 años y soy funcionario del Estado del grupo superior en Murcia. Creo que nada en mi aspecto podría revelar que en realidad soy un cornudo de tomo y lomo. Soy alto, mido 187cm, peso 95kg, con una calvicie incipiente y con una dotación media, (15cm).
Laura siempre fue una mujer de bandera. Tiene 36 años, mide 178. Es rubia con el pelo largo y ojos azules, pesa 54kg, 100 de pecho, piernas largas y cuerpo musculado. Es enfermera de profesión aunque actualmente es ayudante personal de su amante. Es aficionada triatleta, deporte que practica con asiduidad.
Ambos perdimos la virginidad en relaciones anteriores, ella con 16 y yo con 22. Nos conocimos hace 18 años en Valencia y nos casamos tras 6 años de noviazgo, tenemos dos hijos pequeños varones de 5 y 7 años y en principio nada en nuestra vida podría adelantar que nos meteríamos en este mundo que ha cambiado radicalmente el modo de percibir nuestra relación de pareja y con el mundo que nos rodea.
Aunque en realidad creo que ambos llevábamos dentro el deseo de una relación cornuda desde jóvenes (especialmente Laura) como quedará reflejado más adelante todo empezó una tarde de febrero hace ya 4 años, cuando empecé a notar que Laura recuperaba su figura tras el último embarazo pero nuestra relación a nivel sexual solo podía ser denominada de bulímica.
Empleo este término porque llevábamos mucho tiempo en el que en el sexo pasábamos una semana a diez días con una altísima actividad sexual y posteriormente pasaba de un mes a dos sin ningún tipo de sexo. Esa situación tuvo una repercusión básica en mí. Pase de masturbarme de manera esporádica como muchos hombres, a hacerlo de manera muy frecuente al principio comenzando a ser asiduo de páginas porno hasta convertirme en un verdadero devorador de porno y en un incipiente pajillero, dedicando en aquel entonces un mínimo de dos horas diarias a autosatisfacerme.
El caso es que aquella tarde observé a Laura sentada en el sofá de nuestro salón. Mostraba su belleza natural, pero su rostro estaba cansado, pensativo y lo que era peor, aburrido. Los niños dormían la siesta. Me senté a su lado y le pregunté que le ocurría, si se sentía feliz con nuestra vida, si le llenaba nuestra relación y vida juntos. Me miró aun pensativa y me dijo “Si, cielo, te amo… solo pensaba en cómo era todo antes de conocerte y en cuando éramos novios”.
“¿Y como era?”.- pregunté yo.
“Distinto, ya sabes, los chicos y los hombres siempre me miraban… me gustaba aquello… que un chico no supiera que tenía novio e intentara ligar, no te lo tomes a mal me alagaban y me hacían feliz esos juegos”.- dijo ella.
No entendía nada, un ligero dolor pinchó mi corazón, pero mi amor por ella es inquebrantable. Intenté entenderla, averiguar cuál era su deseo más enterrado.
“Cielo, ¿qué ocurre?, ¿no te hago feliz?”
“Claro que sí. Sé que te desvives por mí, haces todo lo que está en tu mano por mí y es más de lo que tienen la mayoría, es solo que falta algo más.”
Algo más... esas palabras resonaron en mi interior y sembraron el germen de una sensación nueva, poderosa que se levantó dentro de mí junto con los celos y las dudas de que era lo que realmente quería decir.
“No te entiendo, Laura, ¿qué es lo que quieres?”
“Nada, no lo puedes entender, no lo entiendo ni yo”.- dijo finalmente.
Los ecos de la conversación quedaron flotando en el aire y en mi interior. Sentía la amargura de la duda por no hacerla feliz, quizás se alejaba de mi de algún modo y eso me hacía sentir algo más. Puedo asegurar que no entendía nada pero creo que en mi fuero interno deseé que fuera así que se alejara de mí para ser feliz y aunque no sabía que era, en ese momento tuve mi primera erección cornuda.
Algo más… ¿Qué me había querido decir? No pude de dejar de pensar en ello en toda la tarde, ni en toda la noche… La erección estaba allí, no se iba, aquella noche me levante a ver porno. Me pajeé y me corrí enseguida. Llegó una corta paz. No sabía que era, qué sentía, pero el pensamiento se fue abriendo dentro de mi transformándome ¿quería decir que deseaba echar una cana al aire?, de nuevo la misma sensación. Duro, como una piedra, como hacía años que no sentía mi pene y había tenido el orgasmo hacía menos de dos horas.
Fui y volví al trabajo al día siguiente, habiendo dormido poco y con la misma idea. Me masturbé en el baño del trabajo. Joder!... Me parecía increíble que ella de algún modo lo propusiera, y aún era peor, yo lo aceptaba. NO!!, me resistía. Era una locura, podía perderla y esa misma idea me excitaba, era la madre de mis hijos, ¿qué me pasaba?  
Volví a casa, ella estaba esperándome, con la comida hecha, preciosa, vestida como si aún fuera casi adolescente, zapatos de tacón, medias negras, minifalda azul, y camisa blanca abierta, con un leve maquillaje que la hacía perfecta, la tentación de cualquier hombre. La miré, la aprecié como mi mayor tesoro, pero en mi observación añadí un detalle: pensé en como la verían otros hombres, otros padres en el colegio, el cartero, los vecinos, con su estilo atrevido y algo descocado. La besé con deseo, le toqué las tetas y el culo, pero ella, con delicadeza me retiró las manos. Sonrió mostrando sus dientes perfectos y me llevo a sentarnos en la mesa para comer, con calma, con seguridad, templando mis ánimos y mandando.
Las palabras se atropellaban en mi cabeza. “He estado pensando en lo de ayer, Laura”.- dije.
“Ah!, no te preocupes más por eso, tonto, me sentía algo melancólica con tiempos pasados, eso es todo”.
“No sé, me pareció algo más…”
¿”Algo más?... ¿qué te pareció”?
“Laura… tú… (De nuevo apareció esa sensación en mi entrepierna)… tienes un amante?”
¡¿Qué?... ¿estás loco?!, espetó ella.
“No es solo, que… ayer me pareció que querías vivir una aventura, echar una cana al aire al menos". Ella me miraba extrañada, pero me dejaba seguir… “ya sabes que yo siempre te apoyo en todo y no sé todo esto es muy fuerte ¿es lo que quieres? ¿Te gustaría?”
“Joder, Luis, te he sido siempre fiel desde que nos casamos, ¿cómo me vienes con eso ahora?”
“Por eso, cielo, quizás estés cansada de hacerlo conmigo siempre”, tu eres una mujer muy guapa y nuestras relaciones sexuales son esporádicas, aunque cuando lo hacemos, te desatas…”
“Bueno”, dijo ella, “es verdad que ya no me follas como antes, ahora soy yo la que hace todo el trabajo, eres muy pasivo y sabes que me gustan los hombres activos y vigorosos, pero no estoy insatisfecha” Acababa de confesar que algo no iba bien en nuestras relaciones sexuales, no le gustaba mi actitud sexual, mi polla redobló su dureza “… pero desde luego no tengo ningún amante”.
La conversación terminó. Ella se mostró taciturna el resto de la comida y no volvimos a hablarlo hasta unos días más tarde.
El pensamiento se había instalado de cualquier modo dentro de mí, y poco a poco lo incorporé a mis fantasías. Empecé a explorar páginas de contenido cuckold y a masturbarme con el contenido de esos relatos, comics y películas cada vez de manera más frecuente. Empecé a invertir unas 3 horas en unas interminables pajas nocturnas. Deseaba saber más e hice mis consultas en esas páginas, así como a psicólogos profesionales. La mayoría de los que estaban en ese mundo me animaban a estimular e introducir a mi mujer a una relación cornuda. Lo increíble es que algunos psicólogos también.
Sin embargo, al terminar descartaba todas esas ideas como absurdas… pero estas volvían a mi cabeza a las pocas horas.
A las tres semanas aproximadamente me encontraba masturbándome en la cama, pensando que Laura dormía plácidamente a mi lado, entonces sentí su mano acariciándome los testículos.
“No pares”.- me dijo.
Yo estaba muy sorprendido… “a ti no te gusta que haga esto”…
“Sé que lo haces desde hace un tiempo… ya no me importa tanto… yo ahora también lo hago”
“¿En quién piensas?”.- le pregunté con miedo, “a veces en ti, pero no eres tu… a veces en nadie… ¿y tú?”
“Antes en otras chicas… ahora en ti con otros… ¿lo harías?
“No lo sé, mi amor, quizás si”
Exploté. Fue una corrida fuerte, lechosa, larga. Nos empapó a ambos. Me pidió que le comiera el coño. Estaba muy excitada y tampoco tardó en correrse.



“Bueno”, dijo ella, “es verdad que ya no me follas como antes, ahora soy yo la que hace todo el trabajo, eres muy pasivo y sabes que me gustan los hombres activos y vigorosos, pero no estoy insatisfecha” Acababa de confesar que algo no iba bien en nuestras relaciones sexuales, no le gustaba mi actitud sexual, mi polla redobló su dureza “… pero desde luego no tengo ningún amante”




La relación sería cornuda, nunca swinger, porque ella no se fiaba de las otras chicas
A lo largo de los meses siguientes se convirtió en nuestro tema de conversación principal. Lo hablábamos en la cama y terminábamos masturbándonos mutuamente y lo hablábamos fuera lejos de oídos indiscretos. Poco a poco nos fuimos convenciendo de que no pasaba nada si ella era infiel una vez y que no era necesario que yo también lo fuera. El argumento principal que apoyaba esta teoría salió a la luz allá por el mes de mayo.
Una noche mientras yo me pajeaba y ella me acariciaba los huevos me confesó que ella temía compartirme pero que yo no tenía nada que temer, porque ya había pasado.
Ella me confesó que me había sido infiel de novios,… una sola vez cuando aún llevábamos poco tiempo juntos. Durante mi paja me explico su infidelidad con todo detalle y yo estallé de placer. Al finalizar señaló que ella se dio cuenta de que me quería a mí. Yo no tenía una prueba equivalente y ella no se atrevía a dejarme probar de ningún modo. Por tanto quedo patente que la relación sería cornuda, nunca swinger, porque ella no se fiaba de las otras chicas.
Una semana después supe, al insistir en que quizás podíamos probar algo swinger por estar más extendido ese comportamiento, que habían sido 3 las veces que me puso los cuernos de novios. Al mes descubrí que sus infidelidades fueron habituales y casi semanales a lo largo de los 6 años de noviazgo, incluido el día anterior a la boda. Estaba muy preocupada, me confesó primero, por si nunca volvía a poder estar con un hombre diferente a mí. Era la primera semana de julio. Después reconoció que no solo estaba preparada para acostarse con otros hombres, sino que no veía el momento y que solo esperaba encontrar el adecuado para el re-estreno. Yo me baje los pantalones y me masturbé de pie delante de ella. Ella se empezó a reír y me dijo que me iba a hacer un cornudo enorme, que era cuestión de tiempo y paciencia, que era lo que deseaba desde siempre y que en parte se casó conmigo por ser lo suficientemente “pringado”. Fue otro de mis orgasmos más memorables antes de que me crecieran los gigantescos cuernos que ahora luzco.
Es importante decir que en estos meses tuve contacto con otro cornudo que fue nuestro mentor a lo largo del proceso. Es algo mayor que nosotros, están ambos en los 50 y llevaban años de experiencia. Nuestras conversaciones por chat y teléfono con el fueron eliminando nuestros miedos y le estamos muy agradecidos. Lo cierto es que tuteló todo de algún modo hasta que se consumó.
La estrategia que empleamos para elegir al macho fue dar de alta a mi mujer en varias páginas de contactos. La preferida para nosotros por el estilo de los hombres era Ashley Madison, sin embargo abrimos perfiles en varias más.
Descartamos a bastantes hombres, tanto por nivel cultural como por nivel físico. Aunque con alguno llegó a tener sexo telefónico. Yo alentaba esos contactos y me pajeaba mientras ella hacía lo propio para demostrarle sin lugar a dudas mi predisposición. Ella me sonreía y me hacía la señal de los cuernos. Finalmente fue a través de Ashley donde conocimos a Eduardo, nuestro corneador, amante y jefe actual de mi mujer así como dueño de nuestro domicilio.
Eduardo picó la curiosidad de Laura desde el primer momento. Tras intercambiar algunas fotos, en la que a ella le pareció un hombre atractivo, algo mayor que yo, pero con una forma física de un chico de 25 y estupendamente dotado, le propuso realizar una pequeña locura, que consistía en que le acompañara en un pequeño viaje de negocios a Madrid. Apenas hablaron unas pocas veces por teléfono, pero ella terminó mojada en cada ocasión y solicitándome sexo oral. Eduardo no tuvo que insistir mucho. Laura aceptó en dos días. Lo que hicimos fue coger una habitación en un hotel de Madrid donde ella se prepararía para la cita y donde yo esperaría toda la noche. El por su parte cogió para él y mi mujer una habitación en el Eurostar Building de Madrid, que es donde se terminó consumando todo. La cita comenzaría a las 2 de la tarde. Comerían juntos en el restaurante que tiene el hotel en el último piso para conocerse y decir dar el paso final. 
Cuando llegamos a nuestro hotel en Madrid por la mañana, un NH cerca de José Abascal, Laura me hizo desnudar. Quería comprobar mi nivel de aceptación sobre lo que iba a ocurrir. Mientras se preparaba para el me permitió masturbarme sin orgasmar. También tuve la fortuna de darle los últimos retoques en la depilación de su pubis. Pude observar que estaba totalmente mojada y muy excitada, su clítoris estaba hinchado y aunque apenas se lo rocé gimió de excitación. Entonces me dijo:
“Cariño, no me penetras desde enero, hoy mi coño tendrá un nuevo dueño y ya no me harás falta en la cama… sin embargo recuerda que te querré siempre… cerca de mí”, me besó con pasión pero se separó pronto sonriendo y bajito dijo… cornudo!!
Entonces empecé a apuñalarme la polla como un loco hasta que terminó de arreglarse Laura.
Mi mujer se puso un vestido ceñido azul para la cita, le quedaba perfecto. Era verano y estaba morena, y el color hacia juego con sus ojos. Llevaba zapatos de tacón de rejilla negros y lencería de Victoria Secret, todo nuevo comprado para la ocasión. Cuando terminó de arreglarse empecé a vestirme yo aunque apenas podía dejar la paja. Tenía que llevar a Laura en coche a la cita y quería ser puntual. Me puse un pantalón de lino sin ropa interior y una simple camiseta blanca. Mi erección era evidente y Laura no dejó de sobarme la polla en todo el camino subiendo por la Castellana. Finalmente llegamos al hotel. Paré unos metros alejado de la puerta en la calle de atrás. “Luis es el momento, si me dejas ir ahora fluiré libremente en el sexo con otros hombres, no intentaré mantener ningún control sobre lo que nos suceda salvo que te quiero… tener cerca…, si me pides que no vaya nunca más hablaremos de esto y volveremos a nuestra vida, mi amor”
Y me beso dulcemente en los labios.
“Laura, te lo ruego, ve con él, lo necesitamos, lo deseamos”
Echó una risotada corta y dijo, “muchas gracias cornudo”, estampó un beso de nuevo en los labios salió del coche e hizo la señal de los cuernos.
Yo observaba como ella se dirigía a los brazos de otro hombre con una tremenda erección, cuando Laura estaba a punto de cruzar el umbral del hotel, un hombre, Eduardo salió a su encuentro. Estaba lejos y no pude ver nada de él, salvo su porte atlético. Se besaron brevemente en la boca tras un instante y entraron juntos.
Yo arranque el coche y me fui para mi hotel a esperar a las 7 de la tarde para llevarle una maletita con vestidos para la noche y la mañana siguiente.
No pude comer y evidentemente parte de lo que cuento a continuación me fue referido por Laura al día siguiente.

Laura se fue al baño y se quitó las bragas. Estaban empapadas, no habían estado así desde antes de casarse, chorreando.

A los postres, Laura se fue al baño y se quitó las bragas. Estaban empapadas, no habían estado así desde antes de casarse, chorreando. Tras el postre bajaron a la habitación, besándose como dos adolescentes. El metió la mano  bajo el vestido y comprobó que estaba expuesto.
“¿Estás decidida?”
“Totalmente Eduardo, no deseo serle fiel a Luis nunca más… jamás lo volveré a ser, y le engañaré si es preciso”.
Al llegar, Laura admiró el lujo y la comodidad de la habitación un instante. Se levantó el vestido por encima de la cintura y se puso a 4 patas sobre la cama mostrando su sexo a Eduardo. El comenzó a devorarlo lamiendo su clítoris y su ojete con ansia. El primer orgasmo le llegó pronto a Laura, pero no le satisfizo lo suficiente, necesitaba polla. El la cogió de la cintura y le elevo el culo para preparar la penetración. Su polla entro suavemente, sin dificultad en una vagina absolutamente lubricada que deseaba ser poseída. Laura dio un suspiro profundo, en él estaba el deseo y el alivio de volver a sentirse hembra. Eduardo comenzó su rítmico bombeo fuerte, preciso, constante, con la adecuada presión para elevar al máximo el placer que sentía Laura, después cambiaron. Él le arrancó el vestido y se desnudó por completo, ella permanecía solo con el sujetador, abierta de piernas, desparramada en la cama. La volvió a embestir mirándola a los ojos. Así como dos recién enamorados follaron durante una eternidad. Ella sintiéndose cada vez más suya y el sabiéndose el nuevo macho de mi esposa. Ella se levantó y le hizo sentarse en la cama, sentándose a continuación sobre su polla. Sintiéndose tremendamente empalada por aquel enorme miembro viril mientras él le comía las tetas. Botaban en perfecta combinación, el moviendo la pelvis y ella saltando salvajemente sobre su verga. Laura agarró su cabeza mientras sentía que el orgasmo comenzaba a apoderarse de ella, al tiempo que sentía la polla de Eduardo llena dentro de ella a punto de explotar. Él le avisó del orgasmo que le sobrevenía y ella explotó de placer al tiempo que su nuevo compañero sexual.
Laura besó apasionadamente a Eduardo y le pidió un minuto para hacer una llamada de teléfono. Eran las cinco y cuarto de la tarde cuando me llamó.
Yo estaba en la cama de mi hotel. Pajeándome como el cornudo que deseaba ser, esperando impaciente noticias de mis cuernos. No veía la hora de escuchar la confesión de su primera infidelidad matrimonial de su boca. El teléfono estaba a mi izquierda para poderlo coger sin soltar mi polla que manejaba con la derecha, apuñalándome con placer continuamente. Sonó el teléfono y lo cogí.
“¿Si?”
“Luis, ya he consumado mi infidelidad. Eres un cornudo oficialmente. Ha sido increíble, Eduardo es en la cama todo lo que tú no eres. Nunca te volveré a ser a fiel. Sé que siempre querré otros hombres en mi vida. Espero que tengas la polla en la mano, ese es el único sexo que tendrás de ahora en adelante, cabronazo y quiero que te acostumbres”.
“Laura… ahhhh!, uummmmm, yo…, agghh”
Exploté de placer en un orgasmo como nunca antes había tenido. Largos chorros de semen caliente fueron escupidos por mi polla, cayendo sobre mi cara y el cabecero de la cama del hotel. Una parte entro directa en mi boca al tenerla abierta por el orgasmo. Sentí su sabor y su calidez… me encantó. A la vez lágrimas brotaron de mis ojos, había perdido una parte de Laura, seguramente para siempre… celos, dudas, envidia de Eduardo que la había hecho suya, sensaciones que me golpearon con amargura en esos primeros momentos.
Intenté hablar con Laura aunque la lefa y las sensaciones no  me permitían ordenar mis pensamientos.
 “Pero... ¿qué, cómo?”
“Calla cornudo… esta noche durante la cena te vuelvo a llamar... vamos a seguir follando, acuérdate de traerme la maletita a las 7, habitación 2502, ya te contaré todo mañana cuando vuelva. Gracias... un beso”

Colgó.

“Luis, ya he consumado mi infidelidad. Eres un cornudo oficialmente. Ha sido increíble, Eduardo es en la cama todo lo que tú no eres. Nunca te volveré a ser a fiel. Sé que siempre querré otros hombres en mi vida. Espero que tengas la polla en la mano, ese es el único sexo que tendrás de ahora en adelante, cabronazo y quiero que te acostumbres”.

Entonces, junto con aquellas sensaciones negativas, sentí otra cosa… paz, liberación… era yo mismo al fin. Un cornudo casado con una puta maravillosa. Dentro de mí se abrió una sensación de bienestar. Era correcto y natural todo lo que había sucedido. Mi erección cogió un nuevo impulso. Deseaba servir a Laura. Ella tenía un macho de su elección y a mí me tocaba facilitar sus encuentros y mantenerme en un segundo plano para ella. Me sentía feliz.
Continúe apuñalándome hasta las seis y media. Me vestí, cogí la maleta, y me fui al coche a obedecer. Iba a llevar la ropa a mi mujer para que estuviera guapa durante la cena con su amante. Me sentía un pringado, una sonrisa se pintaba en mi cara. Mientras iba para el hotel mi Laura y Eduardo estuvieron practicando sexo oral. Laura me dijo que de novios era lo que más le gustaba hacer cuando me ponía los cuernos y clasificaba a los hombres por el sabor de su semen. Yo le pregunté en su día por qué no me la chupaba a mi tan a menudo, me dijo que el sabor del mío era demasiado salado y que prefería otros más dulces. 
Laura me contó cómo se la estuvo mamando, chupándole los huevos, metiéndoselos de uno en uno en la boca, para posteriormente meterse su verga y rodear con la lengua la parte de atrás del prepucio. Lo cierto es que es una maestra en esa técnica. Cuando me lo hacía siempre me decía que me iba a “ordeñar”. Lo cierto es que su habilidad le permite notar cuando se va a correr su amante, y mantiene el placer de su compañero sexual durante mucho tiempo. Otra de sus habilidades es el beso negro, técnica que ejecuta con habilidad.
El por su parte le correspondió igualmente. Era un macho veterano, experto en satisfacer hembras y Laura estaba necesitada. La hizo correrse dos veces con su boca. A cada orgasmo, Laura se sentía más enganchada con su nuevo macho y más libre y puta.
Llegue al hotel y me dirigí a recepción.
“Buenas tardes, traigo esta maleta para Laura Liberal García que está en la habitación 2502”.
“No nos consta registrada”.
“Oh, sí, está acompañando a Don Eduardo… ya sabe”.
“Sí, claro” la recepcionista esbozó una mueca, pensando que se trataba de alguna zorra de lujo “¿de parte de quien digo que es?”
“De su marido”.
Los ojos de la chica se abrieron como platos.
“Ahora mismo llamo”.
“Muy bien… yo he de marchar”
Alberto, aquella vez fue mi primera vez en que reconocí que era un cornudo a un desconocido. Me sentí salir del armario, me embargo una tremenda paz. También tuve una enorme erección de nuevo, al no poder evitar pensar que en ese momento en el piso 25 del hotel un hombre se estaba beneficiando a mi esposa, que había sido fiel desde el día de la boda hasta ese mismo momento… y que afortunadamente no lo sería nunca más… porque Alberto, deberías explicar a todos los aspirantes a cornudos, que cuando la hembra encuentra un macho de verdad como Eduardo, se emputece, y una hembra emputecida no necesita el consentimiento de su marido para follar y le engañará si no se lo concede. Por eso una vez dado el paso, no hay vuelta atrás y es un asunto que merece la pena tratar.

Laura me contó cómo se la estuvo mamando, chupándole los huevos, metiéndoselos de uno en uno en la boca, para posteriormente meterse su verga y rodear con la lengua la parte de atrás del prepucio. Lo cierto es que es una maestra en esa técnica. Cuando me lo hacía siempre me decía que me iba a “ordeñar”. Lo cierto es que su habilidad le permite notar cuando se va a correr su amante, y mantiene el placer de su compañero sexual durante mucho tiempo. Otra de sus habilidades es el beso negro, técnica que ejecuta con habilidad.

“Por favor, Laura, déjame follarte”
Yo volví al hotel. Sobre las 9 se fueron a cenar. Alrededor de las 10:30 Laura me llamó de nuevo.
“Hola, Luis... estoy en el baño, hemos ido a cenar al Restaurante Kabuki, la comida estaba buenísima, es un perfecto caballero. Hoy te voy a seguir poniendo los cuernos hasta tarde”.
“Pero Laura, quiero que mañana vengas pronto...”
“Calla cornudo, estoy mojada durante toda la cena, este hombre sabe cómo tratar a una señorita, y tú tienes que hacerte pajas y no dar por culo. No me llames, ya iré yo. Un besito.”
La noté libre, como si no fuera mía y eso me redoblo la erección. Estuve machacándomela hasta que quedé dormido.
Por lo que Laura me refirió posteriormente, cuando llegaron al hotel volvieron a follar. La variedad de posturas y coordinación de ambos, su enorme sintonía en el sexo se hizo evidente entre ambos por la manera en la que se miran a los ojos y la intensidad de las acometidas que Eduardo le proporcionaba a Laura con su herramienta. Los orgasmos de él eran siempre en su coño y eso es algo que a ella le vuelve loca.
Yo me quedé dormido con la polla en la mano. Me despertó su llamada a las 08:00 diciéndome que venía para mi hotel, después del polvo mañanero. Que se llevaba su semilla dentro, otra erección y de nuevo inicié mi masturbación. No sé si lo he dicho pero desde las 5 de la tarde, hora de inicio de mis cuernos, no había vuelto a orgasmar.
Laura volvió a las 09:30.
Llevaba puesto un vestido blanco señal de pureza y una sonrisa de satisfacción y felicidad se dibujaba en su cara cuando abrí la puerta.
“Ha sido fantástico, Luis. Gracias, gracias mi cornudo, nunca te volveré a ser fiel”, me dijo besándome en la cara.
Yo caí de rodillas, olí su coño recién follado, aún caliente por la actividad mantenida. La cogí en mis brazos y la puse de pie en la cama y le quité las bragas, estaban muy mojadas, un líquido blanquecino bajaba aún por uno de sus muslos. Tumbé a Laura en la cama y empecé a lamer. Fue la primera vez que lamí la semilla de un macho. Sabía distinto, dulce, fuerte, como crema pastelera. Mi polla se puso tiesa dura como el acero, las venas resaltaban claramente sobre la piel, quería seguir masturbándome pero no podía dejar de lamer. Laura empezó a jadear y a reír...
“Lame cornudo, chupa, así, uuummm, ahh, así, cabrón cómeme el coño, saborea el semen de un macho de verdad, no como tú.”
Finalmente, Laura se corrió, entre tremendos gritos y risas de placer. Cuando terminó yo estaba de rodillas en la cama, con mi polla, dura como una barra de acero a la altura de sus tetas, mirándola con deseo. Ella alargó la mano hacia mis testículos y comenzó a acariciarlos suavemente. Yo le dije
“Por favor, Laura, déjame follarte.” Sonrió maliciosamente.
“No, cornudo, pajeate para mi, derrámate en mis tetas, ya no eres hombre para mi coño”.
Mi mano, volvió a mi polla compulsivamente y en pocos segundos revente gritando como un cerdo, mientras ella rompía en carcajadas de nuevo.
Así fue mi primer día como cornudo, en verano del 2011. Desde entonces todo ha sido ir bajando en el plano varonil a un verdadero cornudo, mientras Laura se emputecía más y más. No creo que haya tenido más de 10 relaciones completas con Laura desde entonces y la última fue hace más de un año.
Ya sabes la situación actual, pero iré revelando el camino que recorrí poco a poco para que todos los cornudos y corneadores de la página puedan disfrutar descubriendo como una esposa puta, puede transformar a su marido.

Luis, tienes que hacerlo. Je, je je. Pronto publicaré la continuación, Luis os dará todos los detalles y yo ampliaré el contenido. Queda todavía mucho contar.
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