Sólo se la chupo a mi marido

En los inicios de siglo visitaba un famoso local de intercambio de parejas de Madrid. ¿No recuerdo el nombre o no quiero acordarme? que diría el maestro Don Miguel. Sí hay alguna psicóloga casada entre la audiencia puede analizar por qué no puedo o no quiero acordarme, estoy abierto y espero que la psicóloga también lo esté. Solo diré que cerca del local está uno de los parques más bonitos de Madrid, donde puedes retirarte por unas horas, meditar, disfrutar del paisaje y su estanque, tener un paseo romántico con alguna señora casada donde poder hablar de lo humano y lo divino.


Bueno, voy a centrarme porque me pierdo por los cerros de El Retiro. Como digo, se trataba de un local de intercambio. El sitio había sido con anterioridad un pub tipo inglés donde parejitas y amigos se tomaban una copa o aquellos cafés irlandeses que tan famosos eran en esos tiempos. El dueño del local, probablemente a la vista de los resultados económicos, debió de pensar que le haría más dinero si lo transformaba en un sitio de intercambios. Es curioso, pero había mucha pareja swinger que disfrutaba de estas prácticas y que con espíritu emprendedor se lanzaba a poner un local o transformar otro y dar este servicio a los "intercambiadores", la mayoría de aquellos locales estaban montados por parejas del “ambiente” o se utilizaban güisquerías en situación ruinosa, también conocidas como puticlubs, que se reciclaban en locales para parejas, los tiempos cambian y el que no se adapta “kaput”.

El local tenía a la entrada la típica barra-pub. Forrada de madera y al fondo de la misma una estantería barnizada con un sinfín de botellas de güisqui, ginebras y accesorios de coctelería que los anteriores bármanes usarían para realizar los clásicos combinados. La verdad es que para la clientela que atrajo la nueva finalidad: el intercambio o trío, el cóctel era lo de menos más bien el match o contacto con final feliz especialmente para la esposa o novia.

Una cortina de simulado terciopelo negro al final de la barra conducía a una sala, la clásica sala de pub que en los 70, 80 y 90 en Madrid había por doquier. Todavía queda alguno en zonas céntricas de Madrid y es una pena que desaparezcan porque eran un buen lugar para el encuentro y disfrutar una copa o una conversación interesante y si surgía un magreo del bueno en la zona poco iluminada. En esta sala del local se producía el primer contacto entre parejas pero lo habitual era el de la pareja solitaria que tenía una primera charla con algún tipo que iba solo al local o que quedaba con ellos tras algún enlace previo en alguna de las revistas que tenían ese fin: ¿recordáis Climax, Lib, Charo Medina o la sección de contactos liberales de Segunda Mano? Qué tiempos, cómo nos ha cambiado internet y las redes sociales.

No puedo pontificar sobre las prácticas de los locales de intercambio, no dudo que se produjeran alguno y no solo entre dos parejas, pude ser testigo y participar en encuentros de tres y hasta cuatro parejas pero lo habitual, lo clásico, de lo que se trataba, era la de matrimonio solitario que buscaba algún hombre bien plantado para que le diera conversación, “de la buena”, a la esposa. El marido por lo general tenía una discreta participación y casi siempre estaba de “miranda” del encuentro de su señora con el tipo de turno. Digo "de turno" aunque muchas veces se producían tríos más sólidos que muchos matrimonios en aquellas paredes y el encuentro entre la pareja y el amigo se repetía en muchas ocasiones. Qué compleja es la sexualidad en el matrimonio, ¿verdad?



Recuerdo un viernes de febrero madrileño, de esos de mucho frío. Salía de trabajar, serían sobre las 18 horas con la cabeza como un bombo después de revisar y ajustar unos textos para un reportaje en grupo. Estaba cerca del local y fui andando y disfrutando del frío que me aclaraba las ideas, solo pretendía tomar una copa ya que daba por hecho que no habría mucho público. Llegué sobre las siete, lo acababan de abrir. Solo estaba detrás de la barra una chica que solía llevar las relaciones públicas y actuaba para facilitar los contactos y cuando no estaba el encargado que hacía de jefe de barra era la que te servía las copas.

A los hielos de la copa le siguió un chorro de Johnnie Walker, era la única botella que me daba cierta confianza en aquel local. Por cierto, me vais a permitir que haga una loa a favor de esta marca, es verdad que en aquella época me parecía un güisqui del montón pero en la actualidad han conseguido la excelencia, lo recomiendo solo o sin hielo si se disfruta en soledad y con hielo limpio si acompaña a una conversación.

La chica, recuerdo que tenía un punto de belleza arrabalera, trasteaba en la barra y debía estar poniendo orden a la sala, seguramente la noche anterior hubiera habido lío. Cuando terminó estuvimos charlando y me estuvo vendiendo el nivel de las parejas que acudían al local a diferencia de otros sitios de Madrid que ya llevaban varios años abiertos. El caso es que estábamos los dos solos, mi cabeza se iba despejando. Por unos minutos la muchacha se perdió por el interior del local.

En la sala que estaba a continuación de la barra, tras una cortina, la formaban asientos pegados a la pared, con mesas de café, no había mucha luz pero si la suficiente para distinguir a las personas que solían charlar con discreción y mirar, sobre todo mirar. El primer contacto visual era el código ideal que entonces se utilizaba como paso previo. En el lado derecho de la sala, creo recordar, una escalera subía a otra que siempre tenía la puerta cerrada. Esta sala, en la que también tuve el placer de torear, se dedicaba para grupos más reducidos, digamos que un apartado VIP donde se podía estar más tranquilo si se trataba de una pareja con otra o de una pareja con un chico o dos. Abajo también había otra puerta a nivel de planta que daba lugar a una sala de encuentros más amplia, alfombrada de colchones divididos por estrechos pasillos y en donde se follaba a la vista de todos los que estábamos allí, al final había unos aseos que cuando se abrían su luz iluminaba escenas de matrimonio con amigo, os podéis imaginar.

Yo seguía disfrutando de la copa y meditaba sobre el siguiente dilema: tomar otra e irme a casa o terminar y acercarme a la cervecería donde me veía con otros amigos y amigas que estaban fuera de este “ambiente”. En eso que llegó la muchacha y fuera de la barra se puso a mi lado y soltó: “tengo una pareja dentro, les gustaría conocer a un chico, les he dicho que te iba a preguntar…”

Cogí mi copa y seguí a la chica que hizo una presentación muy breve y a la que sólo respondió el marido. No sabría decir su edad, eran de esas parejas que podrían estar en la frontera de los 45, bien arriba o bien abajo. El tipo fue muy educado y simpático desde el primer momento, estaba vestido a diferencia de su mujer una señora bien plantada con el pelo rizado, con curvas y que solo llevaba un amplio sujetador que cumplía su función con unos tetones de gran calibre y unas bragas a juego. La simpatía del marido contrastaba con la seriedad de la esposa que como ya sabía no era tal si no un escudo para esconder la timidez ante la situación.



No esperé a que el marido me indicara donde sentarme si no que me puse al lado de la señora dejándola en el medio, entre su marido y yo. Los únicos que hablábamos éramos el marido y yo, la esposa seguía seria y atenta a lo que decía, asintiendo a las aseveraciones de su pareja cuando me confesaba que no eran habituales del local ni de este tipo de prácticas. Tengo que deciros que el marido no se movió en ningún momento siempre permaneció sentado y yo empecé a meter mano a la esposa a la vista de que la conversación se empezaba a atascar. La esposa continúo sería, pero se mostró muy receptiva al magreo. Me creí lo de su falta de experiencia, aunque yo en aquella época tampoco era un máster, y opté por el magreo romántico y que no era otra cosa que besar los labios de la esposa antes de empezar a acariciarla por encima de la braga y notar el grado de humedad de la zona. No sé si era una pose ante el marido el caso es que parecía estar besando a una colegiala a la que su timidez le impedía mostrar sus deseos. Ante la impasible actitud del marido opté por quitarme la ropa y estar desnudo para la faena y a continuación quitarle la braga a la esposa, resultó difícil porque tenía un culazo maravilloso y costó, una vez tuve las bragas en la mano se las di al marido indicándole que se hiciera cargo de ellas porque teníamos la sala solo para nosotros y podíamos acabar en cualquiera de los colchones.




No os lo puedo asegurar, pero creo que la esposa agradeció que pasará a una actitud activa. Aunque había poca luz pude distinguir un buen chochote, sin forma definida y provisto de una buena mata de pelo. Sí mis queridos lectores en aquella época era muy normal encontrarte con esos chochos peludos que tenían su encanto y belleza. Intenté quitarle el sujetador pero era de estos antiguos y el marido tuvo que echarme una mano, también se encargó de su custodia. Bebí un trago del Johnnie y después de situarlo en el pollete me incliné para besarle y olerle el sexo a la nueva amiga. Me entretuve, la verdad, y pude comprobar como el marido sin mover un dedo se limitaba a mirar y mirar. Empecé con los dedos a la vez que ya me comía la boca de la esposa de manera más guarra, no le hizo ascos y me siguió el rollo. Estuvimos así un buen rato, yo empujaba su cabeza con mi boca para que el contacto físico que tenía con su marido y que en ningún momento se interrumpió fuera más intenso.

¿Quieres a cuatro? Le dije, pero no lo entendió y fue el marido el que le explicó e indicó la postura. Como os digo no dejaron los dos de estar en contacto y cuando ella se puso a cuatro agarró con su mano la de su marido y la otra le sirvió para apoyarse en él. Pude disfrutar de la visión una mujer con curvas, con unos muslazos de diez y con un culazo maravilloso en pompa. Ni que decir tiene que lo estuve acariciando, besándolo y diciendo en voz alta -para el marido- las bondades de esa postura y de ese culazo casado. El cachondo del marido mostró esa cara que ponen los consentidores y que denotan el placer que siente por el rol que desempeñan en la situación. Comprobé que mi rabo estaba para el momento óptimo del enrabe, y así lo hice, no sin antes abrir con mis manos las dos cachas del culazo y ver la situación de la raja y por donde debía dirigir la trayectoria. Fue sencillo, ya os digo que se trataba de un pepote grandote y con el chorreo que denotaba de un solo empeño entró casi hasta el inicio de mi polla. Cuando la esposa esta apoyada en el marido mientras follo en esta postura, siempre me ha gustado embestir con fuerza para que el esposo note el empuje, lo sigo haciendo con el paso de los años. Estuvimos un buen rato así, no había palabras, solo la actitud impasible del marido aguantando los envites y la esposa con su actitud seria pero recibiendo el placentero mete saca de mi cipote.



El lector atento podrá pensar en este momento que una de las artes de la esposa con el corneador de turno se había saltado. Efectivamente, me refiero a que la esposa disfrute de una mamada libre, delante del marido, a un extraño que acaba de conocer. Después de darle bien, opté por sacarla, dirigir su cuerpo para que se diera la vuelta y poner mi rabo a la altura de su cara. No había hablado mucho la esposa, salvo dos o tres comentarios y asentir a todo lo que decía su marido pero en ese momento, cuando tenía la cabeza de mi polla a escasos centímetros de su cara, con firmeza, me soltó: “Solo se la chupo a mi marido”.

Me quedé un poco sorprendido y pensé entonces que podría ser verdad que se trataba de novatos. Fueron unos segundos que pasaron como horas, yo seguí con mi rabo tieso y con mi capullo apuntando al centro de su cara, miré al marido y me pareció entender un gesto como de confirmar la terrible aseveración de la esposa. Por eso, no dije ni palabra, si no que le volví indicar que se pusiera a cuatro, ayudándola, y volviendo al enrabe. El marido apretaba fuerte la mano de su esposa y acercándose a su cara, en murmullo, observe que le decía algo al respecto de la mamada. Yo en este caso, y ante el deseo de la esposa, solo hago lo que ella prefiere, sin insistir, siempre hay que ser un caballero. Ahora bien, el marido se incorporó un poco, la primera vez que lo hacía desde que empezamos. Yo sabía que no iba a cambiar esa actitud pasiva. Ya sabéis que muchos maridos en estos juegos se limitan a mirar y poco más, este ni siquiera se sacó el rabo para pajearse, supongo que lo haría luego en solitario y en casa.

Ligeramente incorporado me hizo una señal con su mirada inclinando la cara a la derecha en dirección a su mujer. No entendí muy bien y di por hecho que tocaba sacar el rabo, mantenerla tiesa y volverla a poner a la altura de la cara de la esposa. Me di dos pajazos con la mano para acelerar la lefada. La excitación del marido se notaba y más cuando dijo la esposa: "en el pecho", yo aún no estaba aún preparado para disparar por lo que seguí pajeándome a escasos centímetros de ella, dejé mi rabo suelto y os podéis imaginar como se quedó mi cara cuando sin decir nada, ella me agarró el rabo y se lo metió en la boca. Eché en falta una mamada más profunda pero tampoco tuve opción según se metió medio capullo de manera atropellada le solté dos lefazos de los que solo se escaparon fuera de su boca unas gotas por la barbilla. Y ya sabéis, se produce ese momento tenso en que termina la excitación y mi falta de experiencia hizo que según sacaba el rabo se soltaran otros dos disparos blancos, más leves que los anteriores pero suficientes para que impactaran en la rolliza cara de la esposa. El marido dejó de mirarme para centrarse en su esposa y empezar a besarla. Qué cabrón, no dejo escapar ni una gota, consciente o inconscientemente.

A partir de entonces, silencio y ligeros cuchicheos entre ellos. Entendí que era el momento del matrimonio y que el amigo, yo, sobraba en ese momento. Aproveché al ver que la chica del local entraba acompañando a otra pareja para ir al aseo. Me vestí y dándole la mano al marido para después besar, en la mejilla a la esposa, decirles que había sido un placer y que esperaba que volviéramos a coincidir en otra ocasión. Note cierta sensación de culpabilidad en la esposa que se levantó para ir al aseo cuando yo abandonaba la sala.

Iba a tomarme otro Johnnie pero eran las nueve y me daba tiempo a ir a la cervecería donde quedaba los viernes con mis amigos y me encontraría con otro tipo de ambiente aunque en las horas siguientes al encuentro con esa pareja, como ocurría siempre, se te pasaba toda la película y especialmente los detalles más subidos que te producían otro latigazo de placer en la mente.

Llevaba el abrigo en la mano, la barra ya estaba llena de gente, alcé la mano para despedirme de la relaciones públicas pero me pidió que esperara un momento, salió de la barra y se acercó a mí, ¿qué tal ha ido? Le dije que bien, que un poco novatos pero me respondió con una sonrisa y… “pues vienen mucho desde hace tiempo” para terminar, “seguro que ahora me dicen que les presente a otro amigo”. Puse en mi cara una sonrisa cómplice y le aseguré que yo había hecho todo lo que podía pero que estaba seguro de que ella necesitaba más y no quise entrar en precisiones porque veía que me iba a pedir más detalles pero no iba a soltar ninguno ya que estos detalles se quedarían, como siempre, en la sala hasta hoy que lo comparto con todos vosotros, mis queridos lectores y lectoras.

Al salir noteé un golpe de frío que me sentó fenomenal. Caí en que no habíamos intercambiado los teléfonos como había hecho con otras parejas, no hubo intención por la mía ni por la de ellos. Normal, en parejas muy convencionales de entonces se trataba de un desahogo y estoy seguro que cuando salieron del local se dirían que no lo volverían hacer pero seguro que acabarían volviendo aunque le costara al marido convencer a su rolliza esposa. Iba andando y al recordar volví a sentir el inmenso placer de su enorme culazo mientras la follaba a cuatro, del gesto del marido al verme follando a su esposa, de la cara de ella con su gesto tímido pero que se transformó en placentero cuando medio capullo mío entró en su boca, sin contar su gesto de fingir sorpresa al notar la lefada en cara…. Y eso que solo se la chupaba a su marido, supongo que eso se lo diría a todos siempre que el marido estuviera delante para encanchondarle más.

Meditando sobre aquel encuentro, revisar los detalles y la charla que tuve después con la chica del local me convencí de que no se trataba de una pareja novata, todo lo contrario, y que esa actitud de primerizos formaba parte de su fantasía y seguramente el gesto, la actitud y la frase "solo se la chupo a mi marido" aunque después de tragara medio rabo con ganas formaba parte del rito de su juego. Qué complejo es a veces el sexo en el matrimonio.

Y una última conclusión, es una pena que hayan desparecido la mayoría de estos locales, tenían su encanto y cuando se producía algún match con algún matrimonio o con alguna de las chicas solitarias que también iban, pocas pero también iban, era un placer especial. Ese ambiente, esa cachondez y esos calentones no los igualan los match de las redes sociales y eso que han facilitado mucho más los encuentros pero en detrimento de aquellos viejos y románticos locales de intercambio.



El marido: "Mi esposa ya iba muy suelta y al ver la erección del amante se sentó en la pija, por supuesto, sin forro"

Os dejo el testimonio de un buen amigo que se ha iniciado con éxito en estas artes amatorias, eso sí, desde la posición de cornudo consentidor “proactivo”. Seguro que muchos de vosotros os sentiréis identificados y otros muchos le tendréis una sana envidia por lograrlo. También incluyo unas imágenes y prefiero seguir a parte.
Me refiero a la belleza de la esposa de este buen amigo. Qué cuerpo, qué elegancia y como leeréis que gran amante. Seguro, cabrones, que disfrutáis más de la visión de la esposa que de la confesión del cornudo
Por cierto, agradezco a la esposa las fotos y en especial una muy singular, permitirme que no dé más detalles y que, por supuesto, no he publicado. Obviamente también dejo por escrito mis gracias a este amigo y espero que pronto nos vuelva a hacer cómplices de sus aventuras, bueno, las de su esposa.



Hola, Alberto.
Te confieso que aunque soy seguidor de tu blog desde hace años nunca, hasta la cuarentena de la pandemia, le había comentado a mi esposa su existencia y contenido.
En aquellos terribles días de cuarentena fantaseamos a menudo sobre nuestros gustos sexuales y le enseñé tu blog, el de Alberto Toro, el auténtico.
En aquellos días leyó alguna de las experiencias y testimonios de maridos cornudos, esposas y tus fantásticas entrevistas.
Una vez que conoció tu blog avanzamos en nuevos gustos sexuales que son tu especialidad. Después de ver algunas fotos de amigas tuyas con la dedicatoria y comprobar el respeto que muestras hacia ellas no me puso ningún problema para hacer las fotos con tu dedicatoria favorita “Para el gran amigo Alberto Toro”.
Espero que te hayan gustado las fotos con esas hermosas nalgas y la dedicatoria.

Nota de Alberto Toro. Tuve ocasión de hablar con este amigo y por supuesto que le di las gracias y le rogué que le dijera a su esposa lo maravillosamente bella que es además de transmitirle mi agradecimiento. Obviamente, como es de ley, lo pongo aquí por escrito.

Las fotos las hice en la habitación de un hotel que se encuentra a 350 km de nuestra ciudad. Es un lugar veraniego, hermoso, con muchos hoteles, casinos y una playa maravillosa. Es en estos lugares donde a mi esposa al estar más relajada le gusta jugar aunque te puedo decir que ya le da lo mismo el lugar, depende solo de las ganas que tenga.


Estuvimos tres noches hospedados en el hotel y además de aprovechar y pasear con nuestros niños, concertamos una cita con el amante de turno de mi esposa. Quedamos con nuestro amante para la segunda noche para que tuvieran el encuentro.
Este amigo quería ir a buscarla y llevarla a otro sitio pero mi esposa fue tajante, no quería alejarse del hotel y su familia, la cita debía ser en allí.
La verdad es que esa condición fue mía para poder disfrutarla nada más finalizar el encuentro con su amante.
Como sabes mi esposa tiene 37 años (nota de Alberto, “no hay duda de que está en un momento mami con una belleza exuberante, maravillosa…) y yo 36. Su amante, en esta ocasión, es un amigo de ella al que conoció por internet, ya sabes.
Antes de la cita en el hotel ellos ya se habían conocido de manera personal en un pub. Mi esposa me comentó después de aquel encuentro que le había caído muy bien y destacó del muchacho su educación y caballerosidad. Digo lo de muchacho ya que el amigo tiene 24 años. Tras aquel primer encuentro en el que mi esposa me aseguró que solo hubo charla, chatearon habitualmente por WhatsApp. He tenido ocasión de ver algunos de los mensajes que se intercambian y no veas como me pongo además mi esposa me ha enseñado alguna de las fotos en la que su amigo le muestra su enorme pija. Ni que decir tiene que mi esposa también le envía fotos, algunas realizadas por mí, le gusta mostrarse muy atrevida.


Este muchacho vive a unos 90 km de esta ciudad veraniega por lo que se dio todo para el encuentro: distancia de nuestra ciudad habitual que lo hacía más discreto y un ambiente relajado y veraniego para hacerlo todo más fácil, ya me entiendes.
Disfrutamos muchísimo de los previos, la verdad es que el día anterior a la cita ya estábamos los dos súper calientes. En las tiendas cercanas del hotel vimos la ropa más adecuada para su cita, también eligió lencería, maquillaje… Según íbamos comprando todo ya me imaginaba, como así hice, ayudándola a maquillar, preparar su vestido, desplegar su lencería. Como dicen en España, no dejé de “piropearla”, recuerdo como me sonreía cuando le decía lo que le iba a gustar al muchacho. Estarás de acuerdo por las fotos que has visto que estaba bellísima.

Nota de Albero Toro: Doy fe, la esposa de este amigo tiene una belleza natural y cuando se prepara para seducir os puedo asegurar que a más de uno se nos hincha el cipote.


Yo me iba a quedar con los niños y mi esposa me dio las instrucciones oportunas. Una vez acostados le propuse las fotos con tu dedicatoria. Entre las poses y mis comentarios sobre su encuentro y el referirme a ti, Alberto, me confesó que iba a ir a su cita muy mojada. Lo pude comprobar. Se excitó muchísimo cuando le dije que esas fotos las iban a ver los muchos seguidores que tienes.
Aunque el amante quería una cita convencional, es decir, quedar en uno de los bares del hotel, cenar algo y luego subir, preferimos que el encuentro fuera directamente en la habitación del muchacho. Como te he dicho antes, tampoco queríamos que se hiciera muy tarde para disfrutar los dos, especialmente yo, de la post cita.
Se puso un hermoso y corto vestido. No creo que ese vestido se lo ponga en la ciudad donde vivimos. Debajo iba una tanga negra, yo confiaba en que el muchacho me la firmara con su semen blanco y espeso.
Verla pasear por la habitación del hotel e imaginando lo que venía después me dio un morbo especial, estaba muy excitado pero ella no deja de ser mi esposa, la madre de mis hijos y el hecho de que unos instantes después estaría con otro tipo, más joven que yo y seguramente más potente me provocaron ciertos celos. Fue una mezcla de placer y temor, también de alguna duda que se despejaron al comprobar que mi esposa podía hacer lo que quisiera. Como a otros maridos consentidores estaba viviendo uno de los momentos más satisfactorios de nuestra vida sexual en pareja y sentía una emoción difícil de explicar aunque seguro que tus lectores lo entienden. Mi corazón latía a mil por hora.
Le pregunté si iba a realizar alguna foto o video de su encuentro. Fue tajante, me dijo que no, sonriendo me lanzó “aún no estoy preparada”. Eso sí, me prometió que me daría todo los detalles del encuentro y me lo contaría para mí y para nuestro querido blog, el de Alberto Toro. La sonrisa se transformó en carcajada cuando me soltó: “espero que además de lo que te cuente puedas comprobar la prueba en mi tanga”.
Efectivamente, mi esposa me dio todos los detalles del encuentro, empezó aquella misma noche y los días siguientes ya que hablamos durante las semanas siguientes de aquella noche. Fueron unas semanas especiales y puedo decirte Alberto que veía a mi esposa más libre y me excitaba solo con trasladarme mentalmente a aquella habitación de hotel donde ella se lo pasó genial con su amigo.
Sí me dijo que aunque daba la impresión de estar muy segura tenía cierto nerviosismo. De hecho, al principio de su cita se mostró un poco dubitativa pero el saber hacer del muchacho que a pesar de sus 24 años actuó como un caballero experto todo lo hizo mucho más fácil. Según me dijo, al principio de la cita yo era el tema de la conversación, ya sabes, el muchacho se interesó por si yo sabía de la cita, etc. Alberto, aunque esta vez no pude estar presente, al saberlo por mi esposa si me entró cierto placer por tener el protagonismo del cornudo. Como leí en una de tus entradas de ser el señor de "la segunda vuelta".
Después de aquella primera y atropellada charla mi esposa cogió de la mano al muchacho y lo llevó al sofá de la habitación. Me contó que fue en ese momento cuando ella tomó el mando y sin dejar de mirar a los ojos a su amante, se puso de rodillas delante y le dijo que se bajara sus pantalones. Empezó, de rodillas, a hacerle un sexo oral muy largo. Mi esposa me narró la mamada con tal detalle que en mi mente la veía con la boca llena y disfrutando. Al parecer, el muchacho fue en todo un momento un caballero y nada más empezar la mamada cogió un cojín para situarlo debajo de las rodillas. En ese momento, según me dijo mi esposa, ya tenía el rabo al máximo y pudo comprobar que las fotos que le había enviado no mentían en cuanto al poderío y tamaño.


Según se iba animando con la mamada el pibe gritaba de placer y mi esposa se excitaba al máximo. A mi pregunta sobre si veía similitud en ese momento a cuando ella me lo hace me dijo simplemente que no, que era “distinto”.
Cuando se cansó de mamar, mi esposa se puso de pie. Subió la corta falda suelta de su vestido y el amigo empezó a manosearle las nalgas. Mi esposa decía que el amigo estaba babeando de placer. Después del manoseo con mucha delicadeza le fue bajando la tanguita y cuando tocó suelo le metió la boca entre sus piernas.
Mi esposa, al parecer, ya iba muy suelta y al comprobar que la erección del amante era la óptima, con tacto empezó a sentarse encima de la pija, por supuesto, sin forro. Mi mujer tiene sus manías y no le gusta con preservativo ya que según ella no siente el calor de la pija. Por eso, Alberto, al no utilizar látex debo de preparar muy bien los encuentros, deben estar muy planeados con tiempo para conocer con seguridad la salud y categoría confiable del amante de turno.

Nota de Alberto Toro. Siempre digo que aunque es un placer enrabar sin condón siempre es conveniente la seguridad y el uso del preservativo debe ser lo habitual.

Yo andaba de un lado para otro de la habitación del hotel. Imaginaba el encuentro y sentía un placer especial pero mi mayor deseo era que ella, la madre de mis hijos, tuviera una inolvidable velada y que disfrutara del sexo fuera de nuestro matrimonio. Te puedo asegurar que solo con pensar que mi esposa estaba en la planta de arriba, abierta a un extraño, me calentaba al máximo. En ese momento comprendí lo que sentían esos maridos que han sido protagonistas en tu blog.
Según me narró mi esposa de la mamada del sofá pasaron a la cama. Por lo que me dijo buscó el pie de la cama para ponerse a cuatro, le encanta esa postura, y facilitar al pibe la penetración. Tuvo que agarrarse fuerte, me explicó, porque el muchacho de pie le agarró por encima de las caderas y empezó a follarla bien duro. Me confesó que se dejó llevar, se olvidó de todo y se concentró cien por cien en lo que estaba haciendo. Me dijo que estaba muy húmeda y que en algún momento y debido a los empujones del muchacho notó como se le escapaba algún chorro de pis y no sabía si lo que le corría por sus muslos era su humedad, su pis o la corrida del corneador.
Agotada por los meneos optó por recostarse y ponerse boca arriba. Te aseguro Alberto que en ese momento me excité al máximo porque empezó a describirme la pija del chico, le llamaba la atención lo tiesa que estaba y como apuntaba hacía el techo. Yo gasto un buen rabo, te lo puedo asegurar Alberto, pero la forma en la que ella me describió con detalle el del amigo me hizo sentir cierto complejo de inferioridad pero me lo tomé con disfrute como había leído de alguno de los cornudos de tu blog.
Después del enrabe a cuatro vino el cara a cara, los besos y de nuevo el muchacho apuntó su pija a la boca de mi esposa. Mi mujer, desde siempre, ha sido muy aficionada a las chupadas de pija y lo hace bien. No me dio muchos detalles sobre la mamada se limitó a explicar cómo el muchacho sacó el rabo de su boca y en milésimas de segundo le disparó infinitas gotas de semen que chocaron contra su boca, su lengua e incluso le llovió en su cabello perfectamente alisado en la peluquería del hotel que yo había pagado. Aquí tengo que hacer un breve paréntesis porque recuerdo con especial agrado una situación similar en la que fui uno de los protagonistas pero más que gotas fueron dos disparos en la mejilla de una buena amiga, solo su sonrisa y la complicidad de su marido superó el placer, aquella calle en el Madrid de El Rastro, pero como diría Kipling eso ya es otra historia.
Después de la corrida me comentó que hubo un silencio extraño. Me dijo que vivió un momento contradictorio por un lado el placer especial y diferente de tener sexo con un tipo que casi no conocía y por otro cierta vergüenza por su compartimiento y preocupación porque su marido estaba en la planta de abajo. Pero el muchacho, a pesar de su juventud, se portó como un caballero, empezó a hablarle, a subrayar sus cualidades como amante y le preguntó si quería beber algo. El caso es que estuvieron hablando un buen rato y el pibe insistió en otro encuentro para más adelante.
¿Te apetece ducharte? Le dijo el pibe pero mi esposa le respondió que prefería hacerlo en nuestra habitación, en ese momento me puso un WhatsApp, “todo bien papi, ya voy”. Es curioso pero me dijo que se despidieron con un beso en la mejilla.
Desde que me mandó el mensaje hasta que llamó a la puerta de la habitación me pareció que había transcurrido un siglo. Abrí la puerta y disfruté al ver en su cara una amplia y cómplice sonrisa. Seguí con un tierno abrazo y un beso largo en la boca interrumpido porque restregó por mi cara y labios la tanga de la velada. Después de que mi esposa viera desde la puerta que estaban bien se fue directa a nuestra cama y se levantó el vestido a lo que yo me incliné para oler y saborear el sexo de mi mujer. A continuación le ayudé a quitar el vestido y como un loco me tiré al coño y estuve un buen rato saboreando e imaginando que me estaba comiendo también la corrida de su joven amante. Hacía tiempo que no tenía una erección así y consciente de ello me subí encima y la cogí con una pasión especial a la vez que la besaba y no eran imaginaciones mías Alberto, sentía el sabor a puta de mi hermosa esposa. Entre unas cosas y otras no pude controlar y me corrí al minuto.
Mi esposa se fue a la ducha, yo seguía oliendo su tanga. Después se puso el pijama y me dijo que yo hiciera lo mismo por si los pequeños se levantaban sin avisar y al rato se durmió. A mí me costó conciliar el sueño, no dormí mucho, había sido un día muy especial.
Al día siguiente finalizamos nuestra estancia en el hotel, me hubiera gustado cruzarme con el muchacho pero no pudo ser. Disfrutamos en familia de aquella mañana y emprendimos felices el viaje de retorno a casa. Íbamos relajados y conscientes de lo que había ocurrido pero también tranquilos, nos esperaba nuestra rutina y nuestra vida normal. Éramos felices.
Una última cosa, Alberto, de vez en cuando vuelvo a oler el tanga de aquella noche. No creo que lo lave.
("UA-21720468-1")