Fer y Ceci (I) Aquel desconocido me dijo: “Mirá cómo le doy de comer a tu mujer” yo, inmóvil, no salía de mi asombro y lo disfrutaba más que ella

Una pareja argentina me ha enviado su primera experiencia en un local swinger y su bautizo blanco como cornudo consentidor. Lo cuenta Fernando, el marido. Una vez verificado el contenido y las imágenes aquí va su publicación.
Una llamada de atención para esos maridos que se rompen el coco dando vueltas a cuándo y cómo se lo plantean a sus esposas: diálogo, ver videos del tema y, claro, siempre ayuda visitar en pareja este humilde blog.
Disfrutar de la experiencia de estos amigos.



Somos Fernando y Cecilia, matrimonio argentino en los 40s. Ceci es morocha, de altura media tirando a alta; tiene unas piernas largas, cierta pancita y unos pechos grandes que en la calle suelen atraer miradas de los extraños. Dominante en la vida cotidiana le excita mucho ser sumisa en el sexo, la atraen ocasionalmente las mujeres y tiene un marcado fetiche con los hombres mayores iniciando jovencitas. Como desde hace un tiempo tengo la recurrente fantasía de ser cornudo venía “preparando el asunto” mirando juntos videos de DP, cuckold, gangbang y todas esas guarradas. Cuando podía, sacaba indirectamente el tema; ella sólo lo aceptaba como fantasía compartida y sostenía que no quería pasar a los hechos, pero fui notando que el tema la atraía cada vez más.

Finalmente, hace pocos días, alguien de la familia nos sorprendió diciendo que podían cuidar una noche a los niños. Por fin podíamos disfrutar de una noche libre. Le anuncié que quería salir a un club swinger (solo a mirar, por supuesto) y pasar la noche en un hotel. Pensé que iba a tirarme algo por la cabeza, pero aceptó. Tuvimos dos veces sexo en el hotel y llegó la hora de prepararnos para salir. Se encerró en el baño y luego de un buen rato salió. Jamás la había visto tan sexy: una blusa suelta, minifalda negra de cuero, el pelo recogido en una colita, las uñas de manos y pies pintadas de negro y sandalias de taco muy alto que realzaba su cola. Debajo, me mostró la tanga estilo “hilo dental” que le había regalado para la ocasión…

En el club nos sentamos cerca de la barra y tomamos un par de tragos mientras iba llegando la gente y comentábamos los personajes que aparecían: las parejas, mucho más atractivas de lo que nos habíamos imaginado, y los depredadores, que rondaban solos, unos algo sórdidos y otros más atractivos. Al principio Ceci estaba pudorosa: no se animaba ni siquiera a levantar la vista y me miraba sólo a mí. Poco a poco, con la atmósfera, los tragos y el show erótico de los strippers se fue “aclimatando”. Todavía evitaba la mirada de los hombres y las parejas que pasaban y me decía que si alguien venía a hablarnos se moriría de vergüenza. Me confesó entre risas que cuando yo había ido al baño una mujer se le había acercado a charlar y ella la había espantado. Nos besamos bastante y noté que no le molestaba que la tomara abiertamente del culo en medio de tanta gente.



Luego del show comenzó la música. Compramos unos tragos más y salimos a la pista, todo el mundo se animaba. A mí no me gusta bailar (menos los ritmos latinos) pero a ella sí y sobre todo le fascina el reggaeton. Yo me movía como podía, sintiéndome un robot y ella se animaba a bailar cada vez más. No conocíamos los “códigos” del lugar pero era evidente que algo pasaba con las miradas, con la gente que pasaba rozándonos o se ponía a bailar al lado. De a ratos Ceci me decía que alguien la rozaba y pasaba de largo. Le daba mucha vergüenza pero seguía bailando. Yo me fui cansando de bailar y me quedaba parado en mi lugar, moviendo apenas los brazos, ella bailaba entusiasmada.

Al rato me di cuenta que bailaba al lado de mi esposa un tipo maduro, medio canoso, agradable y de buen físico. Pronto intuí que era el tipo de hombre que podía atraerle a Ceci. Sentí un poco de envidia y me di cuenta al viéndole bailar lo torpe que yo era y la desgana que siempre he mostrado en las pistas de baile y más en esa ocasión en la que era un pasmarote en el centro de la pista. Ceci seguía bailando y el tipo nos rondaba de a ratos como una especie de tercero en la pareja y de a ratos casi interponiéndose entre nosotros. En un momento me miró y no supe qué hacer, salvo sonreír estúpidamente. La cosa es que siguió acercándose y como Ceci no lo rechazó ni yo hice nada para impedirlo, comenzaron poco a poco a bailar entre ellos más que ella conmigo.

Primero se rozaban y luego se acercaban más y más. Ceci, de espaldas, comenzó a hacer el “perreo” rozándose cada vez más, ambos subiendo y bajando sincronizados, como si se conocieran de siempre y ella apoyándose de espaldas en su cuerpo.


Yo ya era el tercero. El tipo no dejaba de mirarme no sé si con la intención de pedir mi consentimiento o simplemente de situarme en mi sitio de manera humillante. No sé paró y el tipo comenzó a acariciar a mi esposa mientras bailaban, primero en los hombros, luego en la cintura… Todo de forma sutil como si formara parte del baile pero estaba claro que no era así. Ceci se contoneaba y se movía cada vez más. Estaba hermosa, desinhibida, y parecía haber perdido cualquier pudor. Me dio un poco de celos comprobar esa sintonía entre ellos, pero a la vez no podía dejar de mirarlos.

De repente, todavía bailando de espaldas al tipo, Ceci tiró la cabeza hacia atrás y se apoyó más, mientras él la acariciaba cada vez más explícitamente y le hundía su cara en el pelo. La visión era magnética: Ceci lucía fantástica, suelta, libre, moviéndose súper sexy al ritmo de la música sobre esos tacos altísimos y se completaba a la perfección con ese fulano al que jamás habíamos visto.

De repente él la tomó de la mano y me dijo “Vamos a dar una vuelta”. No me salió ni un solo gesto. Ceci me tomó a su vez de la mano y nos dejamos llevar. Ella volteó para atrás para mirarme apenas un instante. Estaba radiante. El tipo nos llevó por un pasillo y, sorteando un guardia, entramos a una sala con luz todavía más oscura. El corazón me latía a mil por hora. Era lo que había venido a ver: en la penumbra de las luces de color, tratando de no pisar a nadie, atisbaba al pasar auténticas escenas explícitas de porno mientras el tipo nos llevaba a los sillones de una de las esquinas más alejada.

Me sentó en un sillón como si fuera un niño y la paró a Ceci, que todavía me agarraba la mano, y la puso mirando contra la pared. Creo que ella no esperaba algo tan abrupto: mientras él comenzaba a apoyarse sobre ella, frotándose, acariciándola, manoseando su cuerpo, haciéndole sentir su erección, ella me apretaba nerviosa la mano. Yo no lo podía creer lo que veía. Con la mano izquierda él le giró la cabeza hacia atrás y la besó, y luego le metió la mano izquierda por debajo de la blusa, acariciándole los pechos, mientras que con la derecha le acariciaba el costado de las piernas y se restregaba contra ella. Ceci dijo “no… no”, pero apenas estaba susurrando y el tipo siguió.



Yo estaba como loco. Mientras ella seguía resistiéndose un poco el tipo le mordió la parte de atrás del cuello y ahí Ceci no pudo resistir. Ya era suya. Haría con ella lo que quisiera. Me soltó la mano y se entregó por completo mientras el tipo le metía la mano alevosamente debajo de la falta y la tocaba. El tipo sacó el corpiño y me lo tiró en mi cara, mientras ella se dejaba manosear como si yo no estuviera ahí: de espaldas, entregada, retorciéndose de placer, dominada por ese tipo con el que no había intercambiado ni dos palabras. De repente él la dio vuelta, contra la pared, y la puso en cuclillas. Ceci ni me miraba. El tipo sacó una pija imponente, bastante más gruesa que larga, totalmente erecta, y se la pasó por la cara a mi esposa, por todos lados menos por la boca, para volverla loca. Ceci miraba suplicante hacia arriba. El tipo me miró y dijo: “Mirá cómo le doy de comer a tu mujer”. Y se la metió en la boca. Ceci le acariciaba los huevos con una mano y con la otra empujaba a su macho cada vez más adentro. Estaba desatada. Lo devoraba y se esmeraba por complacerlo desplegando todas las armas: pausando el ritmo, acelerando, tomándose el tiempo necesario para lamer bien la ingle, los huevos, el tronco del pene, para finalmente comerse la cabeza y darle a su macho el máximo placer. El tipo gemía y yo, al borde del infarto, gozaba mirándolos. Jamás estuve tan excitado.

El tipo la levantó de la colita del pelo y la tiró bruscamente en cuatro patas sobre el mismo sillón donde yo estaba sentado, casi encima mío. Apenas intercambiamos una mirada fugaz mientras Ceci se agarró con una mano del respaldo y con la otra de mi pecho, sabiendo lo que venía, mientras él le subía la minifalda, le corría la tanga, con una mano la tomaba del pelo tirándole la cabeza hacia atrás y con la otra la tomaba del culo.

Ceci me dijo “Fernand…” mientras el tipo la penetró de golpe y luego comenzaba a bombear lentamente. Ella decía “no, no… n…” pero era evidente que estaba gozando como una loca. El tipo sabía bien lo que hacía: comenzó a bombear con calma, despacio, acelerando progresivamente, mientras Ceci se soltaba por completo y pese a la gente que había alrededor no podía contener los gemidos y me agarraba cada vez más fuerte la mano. Desbocada, jadeante, ahora la veía a mi esposa gritando “¡sí, sí, más!” mientras su macho la montaba como una puta y aceleraba los embates tirándole el pelo hacia atrás para que yo pudiera apreciar bien la cara de éxtasis de mi mujer. El tipo era realmente una máquina. Ceci gemía y de a ratos murmuraba “ay, Dios, la tenés dura… tan dura”. Yo jamás hubiera podido montarla así, con esa maestría, esa resistencia, esa intensidad. Ceci se retorcía y gritaba, arqueándose de placer, mientras el tipo le daba cada vez más duro y le pegaba en la cola. “¿Te gusta?”, me decía. Yo asentía, hipnotizado. Disfrutaba la forma en que un verdadero macho alfa satisfacía a mi esposa mil veces mejor de lo que yo podría hacer jamás, y afloraba la puta que ella tenía adentro. El tipo aceleraba cada vez más, y Ceci se retorcía de placer y me decía “¡lo siento adentro, tan adentro!”. El tipo bombeaba como un salvaje y se oían sus huevos pegando en la cola de mi mujer, hasta que le tiró la cabeza del pelo bien atrás, como si frenara un caballo, e hizo que ella me mirase mientras gemía “¡Acábame adentro! ¡lléname de leche!” y recibía la carga gritando “¡sí, sí, sí!” y su macho daba los últimos asaltos a ese culo maltratado, mientras ella acababa temblando con los ojos cerrados.


El tipo se levantó, con la pija todavía dura, toda mojada, enorme, reluciente, agarró a mi mujer de la cabeza y se la metió en la boca: “Limpiá”. Y Ceci lo devoró, tragándose hasta la última gota de leche. Confieso que quizá me hubiera gustado ayudarla. Y luego el tipo me lanzó una mirada un poco despectiva y se fue. Mientras Ceci me miraba arrodillada, preciosa, jadeante, llena de leche de su macho, pensé que jamás me había enamorado tanto de ella.

Solo dos cosas. El corneador, la verdad, iba un poco sobrado. Tampoco hay que ir tan sobrado, hay otras formas de marcar autoridad. Y una recomendación para Fernando, seguro que a la próxima bajas al pilón, elige el momento y no decepciones ni a tu esposa ni al corneador de turno, preparate.
AT.

6 comentarios:

  1. Ceci y Fernando los felicito por lo vivido. Y gracias por compartirlo con la comunidad. Aca Juan,un argentino bull al qur le encanta ver como nuevas parejas argentinas se suman a este lindo mundo del cuckold.

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  2. hermoso relato ojala ella sepa aprovechar esta oportunidad y saque provecho y disfrute como nunca se lo aconsejo a ella claro jajaja muchos besos

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  3. Ceci Fernando muy buena su experiencia! Soy cornudo de Argentina también tengo esa idea de ir a un local swinguer y ver a mi mujer en acción solo que a ella no la gusta mucho la idea tengo que conformarme con lo que me cuenta como la coge su amante y con las fotos que me manda. Es lindo saber que cada día hay más parejas en esta estilo de vida a este paso me imagino en un futuro que toda nuestra familia sabrá los gustos de uno y lo sabrán tomar como un estilo de vida normal de cada pareja y familia

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  4. Corneador de zona oeste de Buenos Aires

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    1. Si te interesa, mi Face es Sonya Leika. Mandame un mensaje haciendo referencia a este blog asi te agrego

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  5. Excelente relato, soy hombre maduro de 49 años de edad radicando en la Ciudad de México, decidido a conocer una pareja que al igual que yo desea vivir esta gratificante experiencia. 5528946020

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